La Escuela católica está llamada a una profunda renovación. Debemos rescatar la identidad católica de nuestros centros educativos por medio de un impulso misionero valiente y audaz, de modo que llegue a ser una opción profética plasmada en una pastoral de la educación participativa. Dichos proyectos deben promover la formación integra l de la persona teniendo su fundamento en Cristo, con identidad eclesial y cultural, y con excelencia académica. Además, han de generar solidaridad y caridad con los más pobres.

El acompañamiento de los procesos educativos, la participación en ellos de los padres de familia, y la formación de docentes, son tareas prioritarias de la pastoral educativa. (Aparecida 337).

Para ello, nuestros principios doctrinales se sustentan en lo:

  1. Católico: es Cristocéntrico, mariano, eclesial, evangelizador y ecuménico. Debemos mostrar el rostro de Cristo a la comunidad educativa, quien nació de la bienaventurada Virgen María, bajo la advocación de la Inmaculada Concepción, patrona de la Orden. Además, somos parte del pueblo de Dios, la Iglesia, Madre y Maestra, quien anuncia la Buena Noticia a todos los pueblos de la tierra.
  2. Franciscano: cultiva la devoción, contemplación, fraternidad y pobreza. El seguimiento a Cristo a la manera de vivir y sentir de nuestro Seráfico Padre San Francisco de Asís, quien oró al Señor con corazón puro, viviendo en comunidad con sus hermanos y con toda la creación, reconociendo que por nosotros Cristo se hizo pobre, siendo rico, para hacernos ricos con su pobreza.
  3. Humanístico: basado en la libertad, justicia, solidaridad y amante de la naturaleza. La persona es la verdadera razón de ser de la misión educativa franciscana, formándolos en la verdad que hace libre a la persona, donde de la justicia en el actuar de cada uno nace la paz para todos, apoyando al que más lo necesita, en especial a los pobres de espíritu, viviendo en la alegría y cuidado de la naturaleza y de todas las creaturas que viven en ella.
  4. Educación de calidad: cuyas bases son de cumplimiento, eficiente, eficaz y competitivo. La calidad educativa debe medirse a través del cumplimiento de las normas y derecho jurídicos que benefician el crecimiento de la persona, utilizando óptimamente los recursos, logrando las metas y resultados deseados y formando y capacitando a la persona para el bienestar de la sociedad.
  5. Educación para la vida: basado en una formación integral, permanente, mejorar la capacidad de vivir y crear mejores formas y condiciones de vida. Nuestra educación tiene como finalidad el desarrollo integral de la persona humana, la cual debe practicarse en la constancia de la vida misma, descubriendo a nuestro prójimo para mejorar las condiciones de vida orientados hacia nuestro Creador.